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martes, 30 de septiembre de 2014

Pinacoteca, pinturas de Patricio Quintero Gallardo (mi primo)

 

Valparaiso de noche

La luna pidió permiso
Bajó por las escaleras
Ante una ciudad entera
Que despertaba a la noche
Para ponerle su broche
De estrellas al viejo puerto
Dejé el corazón abierto
Bebiendo en una cantina
Forrada de calaminas
Pintadas de mil colores
Llorando por los amores
Que dejé en Valparaíso.











Vergüenza

Su vergüenza esconde la cara, mientras su desvergüenza descarada te muestra la cara sin vergüenzas de la moneda.
En tanto las sabanas se resbalan lentamente a una seña de tu discreta mirada indiscreta.
Discretas vergüenzas sin vergonzosas indiscreciones van de su cuerpo a tu mano, de tu mano al pincel y vuela como una paloma sin palomar desde tu mano a la tela.







Corcel caballo y pincel 

Se rompen sus nervaduras
Relinchando en la pintura
Un alazán se encabrita
Y la tarde se marchita
Cuando se anuncia el ocaso
Furioso mueve sus brazos
Cuando castiga la tela
Como en navío de vela
En su taller el pintor
Se embriaga con el color
Que navega por sus venas.

Porotos con mazamorra




Porotos con mazamorra

Nadando en un océano hirviente las blancas legumbres como huevos alienigenas entregaban sustancias.
Después vino el llanto al tiempo que la cebolla herida a cuchillo era despedazada junto con el zapallo y arrojada al abismo de una sarten.
En un universo paralelo, el maíz triturado y convertido en pulpa, bullía en pequeños géiseres como lava ardiente que eran barridos por una cuchara semejante a un remo, en donde las hojas de albahaca daban el último suspiro para entregar su perfume, en tanto chicharrones ofrecidos en holocausto, chirriaban antes de hundirse en el caldo primigenio guiados por las manos alquimistas de mi madre.
Finalmente regaba sobre el plato una crema “Color” de pimentón molido parecido a la sangre para acabar el ritual torturante del perfume de los; “Porotos con mazamorra”que salía de su cocina estimulando una legión de glándulas salivales furiosas y ansiosas.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Poesía de la carne

Olvido

Si un día las palabras se escapan de mi mente.
¿Como haré para despedirme?
¿Tendré que decir adiós desde el recuerdo perdido entre papeles arrugados?
¿Acaso alguien recordará mis olvidos?

Si un día los versos se escapan de mis palabras.
¿Como haré para deshacerme?
¿Tendré que esperar la lluvia para desgastar la montaña?
¿Acaso alguien cantará mis angustias pasadas?

Si un día mi mente se escapa de mi corazón.
¿Como haré para encontrarme?
¿Tendré que sortear el silencio entre temblores añejos?
¿Acaso algunos labios palpitaran en mi recuerdo?

Si un día el olvido me alcanza.
¿Como haré para haber sido?
¿Desandaré mi existencia fugaz entre palabras lanzadas al viento?

¿Acaso alguien recordará mi nombre?

Suspiros y blasfemias



Suspiros y blasfemias

Me encontré preguntándome; ¿cuando me largaré yo de aquí?
Las hojas han comenzado a caer y los pájaros han volado, la lluvia avanza burlona por la montaña que me llama desde hace tiempo, allá donde mi corazón como un salmón subió saltando corriente arriba.
Debí haber estado allí en un atardecer dorado y sin embargo me encontré preguntándome; ¿Cuando me largaré yo de aquí?
Entonces arrojé mis suspiros y blasfemias al aire solitario y mi mano agarró de rebote las palabras que subían y caían, las fue escribiendo mientras morían aprisionadas en en un papel antes de caer al olvido para que tus ojos pudieran convertirlas otra vez en suspiros y blasfemias.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Camino a Cosquín (crónicas)


El super inspector

Acerca de mi viaje a Cosquín, un amigo me pidió que aportase más detalles sobre como acabó aquello, sin embargo creo que empezaré por el principio y contaré un curioso suceso que aconteció antes de llegar al festival.
Me enteré del festival de Cosquín en la ciudad de Buenos Aires por boca de un músico callejero. Decidimos en compañía de un amigo viajar a córdoba pero cuando vimos el estado de nuestras finanzas se complicó el proyecto. Aconsejados por un viajero ducho en las artes de la “trashumancia austera”, nos embarcamos en el tren sin el billete correspondiente.
El viaje fue tranquilo, llegando a Rosario ya no quedaban vagones donde escondernos y vimos el momento de negociar con el inspector ( que en Argentina llaman chancho) nuestro pasaje, llegado al ultimo descanso del ultimo vagón, el tipo nos dijo: esperen un momento que acaba de subir el supervisor de inspectores.

Pensamos que eso podría complicar las cosas ya que; el “super inspector”, como el lo llamaba, era el encargado de hacer cumplir el reglamento a rajatabla. Vimos acercarse al digno representante de la compañía de trenes con su flamante uniforme negro que parecía un general. Al abrirse la puerta del ultimo vagón lo primero que vi fue la mano del “super” frotando los dedos pulgar e índice, como diciendo. ¿Cuanto tienen? Lo que vino a continuación fue realmente curioso, mientras negociábamos nuestro pasaje uno de los inspectores se percato de la presencia de una persona que dormía en el suelo, lo movió con el pié para despertarlo por lo que esta persona protestó, al ver las negociaciones “alternativas” que se cocinaban ante sus ojos el tipo exclamo: ¡eh tío yo pagué mi pasaje!, el “súper” respondió: ¡vos pagás porque sos boludo!






Cosquín y el locro

La primera vez que probé este soberbio brebaje, fue en la sierra de Córdoba, en un festival de música que se realiza en la ciudad de Cosquín.
Llegue acompañado de un colega en tren y sin billete, apenas algunas monedas para endulzar al guarda, el ambiente de esta fiesta es extraordinario, apenas entras en la ciudad te recibe el sonido de las guitarras, bombos violines etc.. por todas partes y ahí donde te ven con algún instrumento en la mano(yo viajaba con un charango), te meten adentro de alguna de las innumerables peñas que montan en el lugar. Sin duda una de las cosas que me impresionó fue el enorme caldero, calderón, olla o como se llamase, en donde preparaban el locro colectivo. Por sus dimensiones podríamos imaginar que cabían adentro un par de exploradores con sus mochilas y porteadores.
El Locro es un guiso de carnes, maíz y legumbres tradicional en argentina, sin embargo su origen es prehispánico y llego a esas tierras de la mano de los conquistadores incas.

Impresionaba ver al encargado del locro moviendo la mezcla con un remo, con la concentración de un alquimista mientras salían los vapores del impresionante potaje telúrico. Yo recibí como hipnotizado el plato de locro mientras sostenía con el “ala izquierda” mi pasaporte de 10 cuerdas (mi charango) ya que: en ningún momento nadie me pasó la cuenta por la comida, tan solo un par de canciones bastaron para añadir a mi lista de amigotes varias decenas de “gauchos”, chumaos (borrachos) y guitarreros.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Valdivia (ciudades)

Valdivia

39°grados latitud sur. En donde "Calle-Calle" es un río y la "Niebla" es un pueblo
Allá donde el Holandés errante perdió su garfio sediento de oro a manos del malón huilliche
Donde un 22 de mayo Tenten y Cai-Cai vilu quebraron la geografía austral sacudiendo el silencio
en una danza mortal.
Allí se encuentra la blanca Santa Maria de Valdivia.
Donde el cielo fluvial refleja su magia meciéndola suavemente por la costanera
Entre piñones y cerezas, entre mariscos frescos y suculentos salmones
Allá donde el duende encontró un caracol al que le puso un nombre que después olvidó
Y de tanto olvidar se fue olvidando la lluvia y la sombra de mi duende perdido entre los helechos y los copihues
de la selva fría.
Hace ya tantas vidas que no recuerdo la casa en donde empeñé mi guitarra para ensillar mi regreso al "picum mapu"
Huyendo de unos ojos caudalosos y azules como su río.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Entre fenicios

A dos meses de la partida de mi madre me siguen lloviendo los recuerdos de su esplendida humanidad. Ella era una persona muy especial en muchos aspectos, uno de ellos fue su gran capacidad para los negocios.
Recuerdo que de niño la acompañaba a los mercadillos o al barrio árabe de Santiago a comprar ropa u otros artículos que ella luego revendía a crédito. Yo la veía regatear fascinado hasta hacer casi llorar a los "turcos" a quienes siempre les sacaba rebajas brutales.
El truco consistía en minar la paciencia del vendedor permaneciendo pensativa y con cara de desgano, la otra era marcharse y regresar a los pocos minutos y observar el producto como dudando. Finalmente el vendedor agotado, la llamaba y convenían la transacción.
Quien me conozca sabrá lo duro que suelo ser para hacer rebajas vendiendo mis saxos y lo canalla que puedo llegar a ser cuando visito los mercadillos de compra-venta buscando instrumentos para reciclar y vender luego.
Cierto día vi un ukelele en un mercado, estaba entre e chatarra y antigüedades, consulte el precio al dependiente (que era gitano). este me contestó: 15 euros. Siguiendo los pasos de la maestra, me voy y regreso a los 10 minutos y le digo: es caro para una guitarra de juguete a la que además le faltan las cuerdas! nuevamente hago ademán de irme a lo que el tipo me dice con rabia: dame 5 y te lo llevas!
Eso es con respecto a la compra, en caso de la venta la estrategia es diferente, entonces se trata de hacerle sentir al cliente que regatea que casi te arruinas con la transacción aunque le aplicas un descuento que forma parte de un margen que ya tienes contemplado.
Hace poco acá en París me pidió descuento un alemán por dos saxofones, el dinero con el que dijo contar estaba por debajo del margen de negociación, le dije no hay trato, el tipo abrió el monedero, contó hasta la última moneda y me dijo: es todo lo que tengo, me fijé que en el monedero le quedaba un billete de metro, entonces le dije: dame además el boleto y cerramos el trato! y así fue.
El regateo entre " fenicios" (por ponerle un nombre) es un arte estratégico que consiste en hacerle creer al otro que te sientes engañado y estafado cuando en el fondo ambos suelen salir satisfechos de la transacción, yo cada vez que me encuentro en este tipo de situaciones, la veo a mi vieja a mi lado sonriendo satisfecha.